Este año he descubierto un nuevo tipo de persona, del que antes había oído hablar, pero que no me creía que pudiese existir. Los “demasiado buenos para currar”.

Es decir a todos nos Jose levantarnos por las mañanas y tener que ir a pasar una gran parte del día en el trabajo, pero hay gente que piensa que ellos merecen vivir sin trabajar. De hecho creen que es una especie de derecho sagrado que tienen.

Es verdad que mi punto de vista es poco imparcial, trabajo desde los 15 años (muy a pesar de mi padre, que siempre se opuso a que trabajase mientras estudiaba) por voluntad propia, por esa maravillosa sensación que aporta cobrar un sueldo que sientes que te has ganado, por esa libertad y derecho a comprarte lo que se te de la real gana, que para algo has sudado y peleado todos los días.

Pero es que sigue sin entrarme en la cabeza esa mentalidad. Es decir, todos soñamos con sacarnos la lotería y vivir a lo grande en un paisaje idílico con una casa a nuestro gusto. Pero de ahí a estar convencido de que nos merecemos eso sin ningún esfuerzo…… pues mira que hay un buen trecho.

En fin, ha sido una de esas reflexiones que me dan de vez en cuando.

(La foto esta sacada desde la parada de la Renfe mientras esperaba para irme a casa, porque por lo pronto, yo soy de los “tontos” a los que les toca trabajar)